miércoles, 24 de agosto de 2016

LA VUELTA DE LAS VACACIONES


Hace unos días a la vuelta de la expedición, en el aeropuerto de Estambul, esperando el bus que nos llevaba de la sala de embarque al avión.... tras muchas horas sin dormir, sin ducharnos y sin comer nada, cuando sólo nos quedaban fuerzas para escuchar, ni siquiera para hablar ya, nos dimos cuenta de los seres tan diferentes y extraños que éramos frente a la gente que nos rodeaba. Todos contaban sus maravillosas vacaciones, lo que les había gustado el mar rojo, las mezquitas tan bonitas de Estambul, o los palacios tan alucinantes de San Petersburgo y los museos tan fantásticos de Viena, jaja. Y nosotros.....¿qué vacaciones habíamos tenido nosotros?

Sólo nos venía a la mente la porquería de comida que nos habían dado los mafiosos tayikos de la agencia PAMIR PEAKS en el campo base...... comida en mal estado día tras día, las diarreas que habíamos tenido todos, las pinturas rupestres de la pared del baño :-(, el agua sin llegar a hervir, para ahorrar gas y con sabor a caldera, encima una botella de agua mineral en el campo base costaba 4€; los restos de basura, plásticos y cristales desperdigados por todo el campo base, así como por los campos de altura, ya que la gente, es igual de sucia y poco ecológica en todos lados....la tienda para cuatro personas en el campo base en lugar de 2 o 3 como nos prometieron; lo poco apetecible de la poca comida que nos daban; la falta de comunicación del personal con nosotros, ya que nadie de la empresa hablaba inglés, hasta una semana después de llegar al campo base que llegó un chico a modo de traductor...... en fin.... todas esas comodidades y lindezas corrían a cargo de la mafiosa agencia que tiene el monopolio de ese campo base al que hay que ir si quieres subir el pico Comunismo y/o Korhenevskaya.

Luego están ya las comodidades típicas de la montaña, como son el frío, el viento, la nieve, dormir incómodos en una tienda 2 o 4 personas, los olores, la falta de higiene, la falta de apetito, nuevamente las diarreas, el viento que te mueve la tienda y parece que estás en Tarifa y vas a salir en kitesurf de un momento a otro, los cuervos que si te despistas se comen tu comida, los madrugones, las manos frías, los pies insensibles, la espalda molida de dormir sobre piedras o sobre hielo...... esto y mucho más, son las lindezas propias de una expedición a una montaña de altura.

Y es que la cosa comienza a ser preocupante ya cuando haces el equipaje en tu casa y te das cuenta de que te has gastado más en el botiquín de la expedición que en copas tomadas en el último año.... eso ya es sospechoso, algo cambió en tu vida y se te ha ido de las manos y no sabes en qué momento el chip de pasarlo bien está rozando el masoquismo, jeje.

Por tanto, cuando Javi y yo escuchábamos a nuestras compañeras de sala de espera, contar los menús tan maravillosos que habían degustado y los museos, iglesias, catedrales y palacios que habían visitado....no pudimos más que troncharnos de risa y decir..... pero ¿cuándo vamos a cambiar? ¿cuándo vamos a hacer un viaje como Dios manda y nos vamos al Caribe o a Jamaica o a Chipiona mismo? Jajajajajaja.

Así de raros somos y seguiremos siendo por muchos años, seguro!!! porque no hay manera de que nos guste otra cosa que no sea sufrir, entrenar hasta quedar exhaustos, pasarlo mal y disfrutar de la montaña, de los paisajes, de los amaneceres, de la vía láctea sobre nuestras cabezas, de las copiosas nevadas que tumban la tienda y del fuerte viento que la zarandea. Subir por aristas, bajar por pedreras, atravesar morrenas y glaciares, pendientes de nieve que nos dejan sin respiración, hielo, piedras...... eso nos da la vida.

En una reunión de cualquier club de montaña siempre se habla de lo mismo a la vuelta del verano, del frío que hizo, de lo mal que lo pasamos, de los dolores de cabeza, de pies y de manos y al final si se hizo cumbre o si se vuelve sano y salvo, todo se olvida y comienzas a buscar un destino y una cumbre para el año siguiente, aunque te cueste un pastón, aunque tu ropa y material de montaña te hayan costado más caros que la entrada de tu casa, aunque tengas que ver la cara larga de tu pareja a tu vuelta, aunque tengas de hacer horas extras en el trabajo para recuperar los días que te has pedido......por nada del mundo vas a dejar de oir la "llamada de la montaña", que aunque suene muy cursi, no es más que el lugar en el que te sientes libre, en sintonía contigo mismo y con lo que te rodea, esos espacios abiertos, salvajes, que nos conducen al origen más primitivo del ser humano, donde damos rienda suelta a toda la energía acumulada durante el año, al estrés de la vida cotidiana. Son la montaña, el mar, los barrancos, volar, escalar paredes, descender a simas, etc.... todo eso que nos llama y nos hace sentirnos libres.
Lina Quesada

1 comentario:

inmarina dijo...

Genial descripción y resumen de tus vacaciones, me ha encantado.
Un beso de otra rara, que aunque no llega a tus niveles, piensa que disfrutar la montaña no tiene precio.